martes, 15 de julio de 2008



Al final todo pasó, todo transcurrió como debía. El amor se convirtió en dolor, el dolor se convirtió en odio, el odio en asco y el asco en indiferencia. Pero esta indiferencia aún permite ver que el amor no sólo es ciego, sordo y mudo sino también tonto, que a menudo junta a personas que jamas se tendrian que haber conocido.
Ahora todo es tranquilidad y (casi) felicidad. Trato de analizarlo, porque es la primera vez en toda mi vida que me siento así y por novedoso y distinto aún cuesta creer que sea posible. Pero después de varias emociones, he encontrado la razón: soy (casi) feliz porque nadie me hace daño.

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